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El Propósito de la Vida
Fuimos creados por Dios, Quien “escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle; una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera”. Nuestra naturaleza real es espiritual y cada persona tiene el potencial de reflejar los atributos de Dios.
A través de la capacidad de conocer y amar a Dios, somos capacitados para desarrollar las cualidades espirituales que reflejan nuestro verdadero ‘yo’. Estos incluyen la justicia, la compasión, la amabilidad, el amor y el perdón, entre muchísimas otras.
Bahá’u’lláh enseña que todos los seres humanos estámos dotados de un alma inmortal. El propósito de la vida en este mundo es el de desarrollar aquellas cualidades espirituales que son necesarias para la felicidad en el mundo venidero.
Bahá’u’lláh compara este desarrollo con el de un niño en el vientre de su madre. Un niño no nato debe desarrollar medios físicos para la supervivencia y el progreso en este mundo. De igual manera, esta vida nos permite el desarrollo de las cualidades del espíritu que nos asegurarán el progreso en la próxima vida. Ya que las virtudes espirituales, tales como el conocimiento, el amor y la misericordia, son interminables y sin límite, nuestro progreso es igualmente eterno.
Servicio a la Humanidad
Uno de los caminos más eficaces para que un individuo se asegure el crecimiento personal y contribuya al progreso de la civilización, es el de desarrollar y hacer uso de sus talentos y facultades en servicio a la humanidad.
Para un Bahá’í, el logro mas alto en la vida es servir el bienestar y progreso de toda la humanidad. Bahá’u’lláh enseñó que el trabajo, cuando es realizado en espíritu de servicio, equivale a la adoración a Dios.
Dondequiera que se encuentran los bahá’ís y la comunidad bahá’í, hay personas que aspiran al propósito elevado de la unificación de la raza humana y el establecimiento de justicia y prosperidad para todos. Esta es la verdadera prueba de la fe, pues Bahá’u’lláh enseña que “la esencia de la Fe es ser parco en palabras y abundancia en los hechos".
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Habitación de la casa del Báb en Shiraz, Irán, donde Í declaró su misión, Mayo 1844.
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“El hombre está destinado por Dios a experimentar un desarrollo espiritual que se extiende a través de la eternidad. Su vida sobre esta tierra es únicamente la primera etapa de ese desarrollo. Cuando transcendemos nuestra forma físi- ca, y Dios considera que estamos listos para cosechar los frutos de nuestro desarrollo espiritual, pro- seguimos al otro mundo.
El mundo está lleno de sufri- miento. Bahá’u’lláh nos dice que mientras más profundos sean los surcos que caven en nuestro más íntimo ser, mayores serán los frutos de nuestra vida y más per- feccionado será nuestro desarrollo espiritual”. -Shoghi Effendi
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La Vida y La Espiritualidad
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